sábado, 29 de marzo de 2014

Crisis

Crisis con la búsqueda. Ganas de tirar todo por la borda.

Hoy es uno de esos días en los que me pregunto para qué seguir buscando y no le encuentro sentido, no porque haya perdido sentido para mí lo que busco sino porque creo que quizás es momento de resignarme y dejar de arrojar botellas al mar cuando es claro que del otro lado no hay nadie buscándome.

Me voy a dar unos días para pensarlo. Es posible que cierre este blog y mi perfil de busqueda en facebook y todo.

Estoy cansada y desgastada. Los que saben, si saben, han elegido callar. basta.

jueves, 27 de marzo de 2014

Adoptar no es sustituir

Con las palabras me gano el pan (soy intérprete y traductora), pero también puedo jugar. Jugar a darlas vuelta, a enredar sus sentidos, a ponerlas bajo la lupa y abrirlas para ver qué hay dentro. Y así fue que me puse a jugar con estas dos: adoptar y sustituir. Me fui al diccionario de la muy querida María Moliner porque es el primero que consulto siempre y porque la gran María tenía una fascinación por el uso de las palabras. Allí encuentro que

"adoptar" es: 

"1) "Ahijar. Prohijar." Tomar alguien como hijo a una persona que no lo es naturalmente, con los requisitos legales. a) Pasar alguien a considerar a otra persona como si ésta tuviera con él cierta relación que naturalmente no tiene. b) Se emplea también refiriéndose a animales.
2) Tomar como propia (sin quitarla a otro) cualquier cosa."

y siguen otras acepciones que no vienen al caso.

"Sustituir", en cambio, viene del latín sustituire, que significa poner a uno en lugar de otro, y es:

1) Ponerse o ser puesto en el lugar en que estaba otra cosa o persona.
2) Poner una cosa o persona en el sitio en que estaba otra que ya no está o que se quita.
3) Echar a una persona de su empleo o puesto y poner otra en su lugar."

Da para pensar. La gran diferencia está en que "adoptar" implica reconocerse como parte de una tríada: yo que adopto, vos que sos adoptado y ellos que te dan en adopción, mediando los requisitos legales para que esto sea así, para que pueda yo considerarte mi hijo o hija, aunque la naturaleza no lo haya dispuesto así, para que te haga propio/a (sin quitarte a otro) y sin pretender cambiar el hecho natural ni la existencia de esos terceros que te han concebido ni de ese hijo biológico que yo quería tener y que no vino, y por el que tendré que hacer, tarde o temprano, mi propio duelo.

 A diferencia de lo que pasa con "adoptar", al "sustituir" la identidad de una persona, al "anotar como propia" a una persona, no solamente le estoy poniendo un nombre en lugar de otro (que no es poco), sino que me estoy poniendo yo en el lugar en que estaba otra persona (la madre biológica, el padre biológico) "que ya no está o que se quita", y estoy poniendo a esa persona recién nacida en el lugar de otro: de ese hijo o hija natural que no tuve o que no pude tener, que estaba en mis sueños y que ahora, supuestamente, ya no está. Al omitir el nombre original, estoy pretendiendo borrar simbólicamente el vínculo natural que unía a mi hija o hijo con esos otros dos seres, sus padres biológicos, y borrar también, en apariencia, ese sueño de hijo natural que yo iba a tener, que tanto había soñado, y no llegó. Y así ese hijo o hija al que le puse mi nombre pasará, mágicamente, a ser mi hijo o hija natural, porque de ello darán fe el certificado de nacimiento falso que firmará la partera y el acta y la partida de nacimiento que expedirá el Registro Civil, origen de todos los demás documentos que mi hijo o hija irán obteniendo para acreditar su...identidad. 

Sustituir, como vemos, es mucho más que poner un nombre en lugar de otro. Es poner una identidad en lugar de otra. Es borrar simbólicamente vínculos naturales y dolores psíquicos. Pero ni la naturaleza ni la psiquis entienden de "borrados". Los vínculos biológicos tienen esa manía de no borrarse nunca, algo muy parecido de lo que pasa con los dolores psíquicos que pretenden negarse.

Así es que, en las sustituciones de identidad, todos los miembros de la doble tríada quedan ocupando el lugar de otro: los padres adoptivos (llamémoslos así) quedan en el lugar de los biológicos; los hijos adoptivos quedan en el lugar de los hijos biológicos que los padres adoptivos no pudieron tener; los padres biológicos quedan en un "no lugar", en el lugar de la nada porque no existen más, en ningún lado, igual que esos hijos biológicos que nunca nacieron. Es un juego de sillas musicales en los que no hay sillas para todos y alguien queda excluido; casi siempre, el más débil, el más lento. Siempre odié ese juego. Y ahí viene el problema: que esa ficción no se sostiene porque no es cierto que los padres biológicos no existan; existen, vaya si existen, en el lugar en el que estén viviendo y también en el cuerpo y en la mente de sus hijos. Y esos hijos que no pudieron ser concebidos tampoco dejan de existir. Viven eternamente agazapados en un dolor difuso, en ideales a los que el hijo o hija a los que has transformado en tus hijos biológicos jamás llegarán y a los que no podrán sustituir por muy perfectos que quieran ser (y algunos lo intentarán, vaya si lo intentarán) y por mucho que te quieran. Y te querrán, claro que te querrán, tanto como vos a ellos. Eso sí, al menos, será cierto. Y entonces sabrás que no había necesidad de sustituir, de borrar, que igual te habrían querido. Y cuando un día, al cabo de muchos años de análisis, esos hijos o hijas que anotaste como propios dejen de intentar sustituir a los hijos que soñaste y no tuviste, cuando se sientan bien en su piel, y se reconozcan como quienes son, seres duales, hijos de dos madres y dos padres, con derecho a no ser perfectos, el daño estará hecho, porque quizás nunca puedan reconstituir ese vínculo natural que es tan parte de su identidad como lo sos vos, madre o padre "adoptivo" que optó por sustituir en lugar de adoptar.   

Adoptar no es sustituir porque sustituir es imposible. Nadie ocupa el lugar de otro. Mejor saberlo de entrada.

viernes, 5 de abril de 2013

Al buscar, me encontré

Ayer recibí la noticia de la página Hijos Biológicos de que habían publicado mi búsqueda. La noticia me sorprendió, porque la verdad es que ya hasta había pensado cerrar este blog y todo y abandonar la búsqueda. El camino es largo y cansa. Pero ayer, cuando entré al sitio y vi mi pequeña historia y cuánta gente la había compartido, me conmoví tanto que no pude menos que compartirla yo también, en mi página de facebook personal. Un paso importante y difícil. hasta ahora venía en las capas de afuera de la cebolla pero ahora, cada vez, me acerca más al núcleo cercano, a los afectos de verdad, a la familia, a los amigos, y mostrar esta parte de mí a los que me conocen de toda la vida fue fuerte y difícil. Me dio miedo. Pero la verdad es que no me arrepiento. Recibí tantas muestras de afecto y tanto apoyo de tantas personas que significan mucho para mí, no ya personas anónimas que están en una búsqueda similar o que se interesan en el tema, sino los afectos verdaderos de toda la vida. Era mucho más lo que estaban en juego para mí, si no aceptaban esta parte mía. Y fue como decir: acá estoy, yo también soy ésta, la buscadora. Y sentirme aceptada, acompañada y apoyada por quienes más me importan fue muy intenso y liberador. Lo que más me conmovió fue que una de las primeras en compartir mi historia fuera mi mamá, así, en silencio. Fue como recibir su bendición. Y ahora me siento más entera, más integrada. Y ya el hecho de encontrar o no encontrar pasa a un segundo plano. Porque me di cuenta de que esta búsqueda, este camino al reencuentro es, sobre todo, un camino al reencuentro conmigo misma.

lunes, 29 de octubre de 2012

Otro cumpleaños y algunas novedades

Hola, qué abandonados los tengo...

Acabo de cumplir 43 años, y lo mismo de siempre. No quiero ser reiterativa.

Tengo algunos datos más para aportar a la búsqueda:

* Mi queridísima amiga Brenda acaba de estar en Bahía Blanca y fue personalmente a sacar fotos a las dos posibles direcciones de donde nací, Moreno al 100 y al 300, respectivamente, donde antes funcionaba el Sanatorio Central y ahora hay geriátricos (los dos lugares coinciden, por es es difícil saber cuál puede ser). Pongo las fotos acá por si alguien reconoce estos lugares. Parecen no haber cambiado mucho de como pueden haber sido hace 43 años.

*La señora en cuya casa de Yrigoyen 112 puede haberse alojado mi madre biológica antes de dar a luz (la foto de la casa viene pronto) no está muerta. Tiene Alzheimer, con lo cual, es inviable tratar de hablar con ella, pero sigue viva, según le confirmó hace poco su hijo adoptivo a una amiga en común. No entiendo por qué la otra asistente social me dijo que había muerto. ¿Mentir no era pecado? Curiosa, a veces, la moral católica. Al mismo tiempo, esta misma persona está en un retiro espiritual en Serbia, en un lugar en el que se aparece a veces, dicen, la Virgen ´María, y prometió rezar por mí. En fin... Da lo mismo. No, no da lo mismo, agrega una mancha más al tigre, pero el tigre tiene que seguir caminando y no tiene tiempo para detenerse en minucias. El tigre tiene, sin embargo, derecho a una rabieta. El tigre necesita tener fe, contra viento y marea, aun cuando le hayan mentido, aun cuando sus documentos sean falsos. El tigre no puede darse el lujo de perder la fe.Ya está. A otra cosa.

* Mi amiga Brenda comenta mi historia a gente de Bahía Blanca, que recuerda que frente al Sanatorio Central había una casa "donde nacían bebés", a cargo de dos pediatras, y que en el lugar en que funcionaba el Sanatorio hubo en un tiempo una clínica psiquiátrica. Entonces, ya las posibilidades del lugar de mi nacimiento serían:

- en el Sanatorio Central
- en un psiquiátrico
- en una casa de partos privada a cargo de dos pediatras

*Por las dudas, repito el nombre de la partera que firma mi partida de nacimiento:

 Aurelia Diez de Baldi.

Si saben algo, aporten su granito de arena. Gracias.




martes, 19 de junio de 2012

Todos los papás son adoptivos

Ayer fue el día del padre y por supuesto me pasé el día recordando al mío, que ya no está. Hace tres años que no está pero sigo pensando en él todos los días. Y más pasa el tiempo, más me vuelven los recuerdos más risueños. La primera imagen que me viene a la mente de él siempre es su risa y sus brazos abiertos de par en par para abrazarme. Me acuerdo de pequeños momentos, imágenes: los dos haciendo los deberes en el balcón los sábados a la mañana; él durmiendo la siesta en la playa hecho una milanesa de arena; él enseñándome a nadar y haciendo trampa: "vení hasta donde estoy yo", y el muy tramposo daba pasitos hacia atrás para hacerme nadar un metro más para llegar a la meta, que se alejaba; yo, sentada en sus rodillas, aprendiendo a leer con las letras de molde del diario que él iba señalando con el dedo; los dos bailando un tango a la noche cuando él volvía de trabajar; los dos, adultos, sentados junto al horno de barro del campo, riéndonos, y en mis brazos, mi bebé, muy chiquito todavía...

Alguien me preguntó una vez por qué yo quería buscar a mi madre biológica y de mi padre biológico no me interesaba averiguar nada. Yo esbocé la respuesta más lógica y concreta, y también la más superficial: si ni siquiera sé quién es mi madre, cómo voy a poder buscar a mi padre... Primero tengo que encontrarla a ella, y ella me dirá... Pero escarbando un poco más, creo que la razón es que, en realidad, todos los papás son adoptivos. Es decir que, aunque sean los padres biológicos de su bebé, los hombres necesitan adoptar a la criatura que será su hijo o hija. Porque, aunque venga de su cuerpo y de su sangre, la concepción de esa criatura está tan lejana del momento del encuentro, que ese hombre que se transforma en padre tiene que hacer suya a esa criatura sólo después de que ya ha salido del cuerpo de su madre. Y en ese sentido, no es muy distinto de lo que le pasa a un padre no biológico. Por eso digo que todos los papás son adoptivos, porque tienen que adoptar como propia a esa criatura que sale de otro cuerpo, y a la vez su futuro hijo o hija tiene que hacer suyo a ese ser del que quizás reconozca la voz, pero no mucho más: su olor es nuevo, y nuevo es el compás del latido de su corazón cuando la/lo abraza sobre su pecho. Nuestro padre es siempre otro ser, que está allá afuera; a nuestra madre, al nacer, ni siquiera podemos distinguirla de nosotros mismos, pues sentimos que ella y nosotros somos uno, que somos parte de ella y ella, parte de nosotros. De ahí, para mí, la diferencia. Madre, queda dicho, hay una sola, pero repartida en dos personas físicas; padre, hay uno solo, el que adoptamos. Puede que me equivoque, pero no me imagino sintiendo nada por mi padre biológico; en cambio, por mi madre, sí, porque ella y yo fuimos una sola alguna vez, porque compartimos el alimento y la sangre, y el oxígeno, y yo respondía a la cadencia de sus movimientos, a sus estados de ánimo, a su voz, a su olor, al sosiego del compás de sus latidos. Y de pronto...el frío, el silencio, la quietud de una cuna con olor a hospital...un corte, drástico y definitivo. Y otra madre, otro olor, otros brazos, otros latidos, otra voz, otro calor. Y tuvimos que hacerla nuestra cuando todavía creíamos que nuestra primera madre y nosotros éramos una misma persona, una persona que de golpe se había partido en dos. No debe de haber sido fácil. Debe de haber sido profundamente desconcertante. En cambio, nuestro padre era otro más que estaba ahí afuera. No sé, es una teoría que se me ocurrió por tratar de pensar en una respuesta un poco más profunda a la pregunta.

Yo no pude empezar la búsqueda sino hasta después de que murió mi padre, porque sé que lo hubiera destrozado, él que tenía tanto miedo de perderme. Nunca hablamos sobre el tema. Nunca pude explicarle.  Y nunca me sentí tan desamparada como cuando se fue, y tal vez también por eso nunca sentí hasta ese momento tanta necesidad de saber sobre mis orígenes. Y aún así, le sigo pidiendo permiso...

viernes, 8 de junio de 2012

Madre, ¿hay una sola?

Hace un par de días leí en el blog de Madre de Marte una entrada sobre el punto de vista de las madres biológicas. Se citaba un sitio web y un foro, con opiniones a veces extremas, en las que se llegaba a decir que una familia adoptiva en realidad no es una familia. Y creo que es pertinente plantearse un poco eso de qué es ser madre o padre, qué es ser hijo. ¿Quién es más madre? En mi opinión, si tengo que responder en una línea, diría que para un hijo adoptivo, su madre es un ser que vino repartido en dos personas físicas, pero en su psiquis, están siempre unidas, y una no puede existir sin la otra. Si me dan más de una línea, explico mejor. Y viene a cuento una nota que escribí sobre el día de la madre en Argentina, allá por octubre.

Voilà.

Madre, ¿hay una sola?

Depende de qué entendamos por madre. En general, por madre se entiende una mujer que engendra un hijo o hija, l@ lleva nueve meses en su vientre, comparte con él o con ella su sangre, sus genes, su alimento, en total simbiosis hasta el nacimiento, ese momento en que tiene que expulsarl@ de ese limbo para que siga creciendo y desarrollándose como persona independiente. Y ahí empieza ese gran desafío que persigue a una madre toda la vida: amar y educar a esa criatura para que un día se aleje, avanzar hacia una meta que, en el fondo, sabe que le dolerá pero, al igual que el parto físico del comienzo, será un dolor dulce. Y a partir del nacimiento entonces, madre es la que alimenta, cuida, acaricia, abraza, besa rodillas raspadas, hace avioncitos con la papilla o la manzana rallada, inventa cuentos, seca lágrimas, se ríe a carcajadas, pone remiendos en los cuadernos y en las rodillas de los pantalones, pero sobre todo en los moretones del alma, repite hasta el cansancio "lavate los dientes, hacé los deberes, andá a bañarte, te vas a la cama ya" y muchas, muchas veces "no, no, no, no, no". Madre es la que te da el empujoncito cuando flaqueás, la que te exige cuando sabe que podés más, la que te reta cuando ve que no te hacés respetar, que te rodeás de gente que no te respeta, cuando desperdiciás tu talento. Madre es la que te "hace gamba", la que te hace compañía mientras estudiás para un final, la que te pone un café al lado, en silencio, la que te alienta a que te presentes a la entrevista, la que viene a darte una mano y te limpia el departamento cuando el trabajo te desborda, la que tiene a tu bebé en brazos cuando ya no das más, la que te entretiene a los chicos para que puedas salir, la que te escucha, la que está...siempre...

La inmensa mayoría de la gente tiene la dicha de encontrar todo eso en una misma persona. Y por eso, dice sin temor a equivocarse que madre hay una sola. Otros tenemos otra experiencia. Algunos tenemos más de una madre. También somos dichosos, porque tuvimos y tenemos todo eso, sólo que no en una misma persona física. Yo, por ejemplo, tuve (y quizás todavía tengo) dos. De la primera, sé poco y nada. Sé que no me buscó, que de algún modo llegué a su vida en un momento inoportuno. Pero aún así, siguió adelante con el embarazo. Me llevó en su vientre, compartió conmigo genes, sangre, alimento, estados de ánimo, quién sabe cuántas cosas más. Llegado el momento, me dio a luz, me dejó en buenas manos, y se fue para siempre. Quizás nunca sabré por qué.  Quizás nunca vuelva a verla. Quizás nunca sepa siquiera su nombre. Quizás nunca llegue a decirle que no le guardo rencor y que me gustaría que me contara su historia y ese punto en que su historia se cruzó con la mía. Dios dirá.

Apenas dos días después de nacida, un 16 de octubre, como hoy, llegó a mi vida mi segunda madre, mi mamá, mi vieja, ella, la única e incomparable. Le dijeron que yo sólo pesaba 2, 2 kilos, que era muy frágil, que el menor resfrío podía ser fatal. Le preguntaron que si se animaba a ser mi mamá. Y la muy inconsciente dijo que sí, medio distraída como estaba acomodándome la mamadera y poniéndome la ropa que me había elegido. Así fue como me llevó de mi Bahía Blanca natal hasta el pueblo que sería mi pueblo natal por adopción, o algo así, y durante un mes no se apartó de mí ni dejó que nadie más se acercara, así de exagerada, como siempre. Y después, hizo todo eso que una madre hace y más. Vinieron la manzana rallada y los cuentos del carnero Pedro y la ovejita Mariana; las conversaciones con personajes imaginarios; horas y horas de hamacas y toboganes y subibajas; y medialunas de chocolate y alfajores de maicena y arroz con leche y flan casero; y hombro donde llorar y falda donde sentarme; y la leche siempre lista a la vuelta de la escuela, y el oído atento. Su presencia, siempre. En las buenas, en las regulares y, sobre todo, en las malas. Y el tejido y la charla mientras yo estudiaba (hay veces que pienso que ese entrenamiento de hacer los deberes en la cocina charlando con ella me preparó para mi profesión de intérprete, por aquello de saber hablar y escuchar y pensar al mismo tiempo...). Y sus misiones a Buenos Aires cuando la precisaba. Y ese saber estar ahí siempre sin invadirme. Y su alegría, su sentido del humor, la capacidad para rearmarse y reinventarse. Y el cariño multiplicado hacia sus nietos, mis retoños. Y ese empujarme siempre para que llegue a donde yo quisiera, porque vaya persiguiendo el sueño hasta donde me llevara, aunque ese lugar quedara lejos, muy lejos de casa.

Y hoy que estoy tan lejos físicamente, veo más claro. Y veo que sí, que madre hay una sola, aunque venga repartida en más de una persona.

Vaya entonces mi saludo atrasado por el día de la madre a todas las madres, y más especialmente a las que lo son por adopción, como la mía.

martes, 17 de abril de 2012

Obstinación y miedo

Escribo tan poco por acá y, encima, con palabras prestadas. Pero hoy estaba releyendo el poema de Vinicious de Moraes "O Haver", y esta estrofa se me quedó adentro y ya no pude separarme de ella:

"Resta essa obstinação em não fugir do labirinto
Na busca desesperada de alguma porta quem sabe inexistente
E essa coragem indizível diante do Grande Medo
E ao mesmo tempo esse terrível medo de renascer dentro da treva."


Una traducción aproximada sería:

"Queda esa obstinación en no huir del laberinto
en la búsqueda desesperada de alguna puerta, quién sabe inexistente
y ese coraje indecible frente al Gran Miedo
y al mismo tiempo ese terrible miedo de renacer en la oscuridad."

Mejor no podría reflejar lo que siento -me atrevería a decir, lo que sentimos- al buscar, al dejar de buscar, al volver a buscar, al nunca dejar de buscar...te.

Si tuviera que definir en dos palabras lo que siento, diría eso: obstinación (¿obsesión, a veces?) y miedo. Y desaliento, de a ratos.

Hace rato viene ganando el desaliento. Pero no hay salida de este laberinto. Porque la oscuridad conocida, la ignorancia, que no en vano está etimológicamente emparentada con la añoranza (lean "La ignorancia" de Kundera, vale la pena, aunque no esté directamente relacionada con este tema, hay un capítulo entero sobre la etimología de la palabra que es imperdible), nos acompaña desde siempre, nos acecha a cuentagotas. ¿Entonces, es peor el miedo? El gran miedo a que se confirmen nuestros peores temores. A ser rechazados una vez más. De a ratos. Y de a ratos, lo que gana, lo que de verdad gana es la desidia, el cansancio, esa rebeldía a representar el papel de Sísifo. 

Es todo por hoy. Y no sé hasta cuando.