viernes, 5 de abril de 2013
Al buscar, me encontré
Ayer recibí la noticia de la página Hijos Biológicos de que habían publicado mi búsqueda. La noticia me sorprendió, porque la verdad es que ya hasta había pensado cerrar este blog y todo y abandonar la búsqueda. El camino es largo y cansa. Pero ayer, cuando entré al sitio y vi mi pequeña historia y cuánta gente la había compartido, me conmoví tanto que no pude menos que compartirla yo también, en mi página de facebook personal. Un paso importante y difícil. hasta ahora venía en las capas de afuera de la cebolla pero ahora, cada vez, me acerca más al núcleo cercano, a los afectos de verdad, a la familia, a los amigos, y mostrar esta parte de mí a los que me conocen de toda la vida fue fuerte y difícil. Me dio miedo. Pero la verdad es que no me arrepiento. Recibí tantas muestras de afecto y tanto apoyo de tantas personas que significan mucho para mí, no ya personas anónimas que están en una búsqueda similar o que se interesan en el tema, sino los afectos verdaderos de toda la vida. Era mucho más lo que estaban en juego para mí, si no aceptaban esta parte mía. Y fue como decir: acá estoy, yo también soy ésta, la buscadora. Y sentirme aceptada, acompañada y apoyada por quienes más me importan fue muy intenso y liberador. Lo que más me conmovió fue que una de las primeras en compartir mi historia fuera mi mamá, así, en silencio. Fue como recibir su bendición. Y ahora me siento más entera, más integrada. Y ya el hecho de encontrar o no encontrar pasa a un segundo plano. Porque me di cuenta de que esta búsqueda, este camino al reencuentro es, sobre todo, un camino al reencuentro conmigo misma.
lunes, 29 de octubre de 2012
Otro cumpleaños y algunas novedades
Hola, qué abandonados los tengo...
Acabo de cumplir 43 años, y lo mismo de siempre. No quiero ser reiterativa.
Tengo algunos datos más para aportar a la búsqueda:
* Mi queridísima amiga Brenda acaba de estar en Bahía Blanca y fue personalmente a sacar fotos a las dos posibles direcciones de donde nací, Moreno al 100 y al 300, respectivamente, donde antes funcionaba el Sanatorio Central y ahora hay geriátricos (los dos lugares coinciden, por es es difícil saber cuál puede ser). Pongo las fotos acá por si alguien reconoce estos lugares. Parecen no haber cambiado mucho de como pueden haber sido hace 43 años.
*La señora en cuya casa de Yrigoyen 112 puede haberse alojado mi madre biológica antes de dar a luz (la foto de la casa viene pronto) no está muerta. Tiene Alzheimer, con lo cual, es inviable tratar de hablar con ella, pero sigue viva, según le confirmó hace poco su hijo adoptivo a una amiga en común. No entiendo por qué la otra asistente social me dijo que había muerto. ¿Mentir no era pecado? Curiosa, a veces, la moral católica. Al mismo tiempo, esta misma persona está en un retiro espiritual en Serbia, en un lugar en el que se aparece a veces, dicen, la Virgen ´María, y prometió rezar por mí. En fin... Da lo mismo. No, no da lo mismo, agrega una mancha más al tigre, pero el tigre tiene que seguir caminando y no tiene tiempo para detenerse en minucias. El tigre tiene, sin embargo, derecho a una rabieta. El tigre necesita tener fe, contra viento y marea, aun cuando le hayan mentido, aun cuando sus documentos sean falsos. El tigre no puede darse el lujo de perder la fe.Ya está. A otra cosa.
* Mi amiga Brenda comenta mi historia a gente de Bahía Blanca, que recuerda que frente al Sanatorio Central había una casa "donde nacían bebés", a cargo de dos pediatras, y que en el lugar en que funcionaba el Sanatorio hubo en un tiempo una clínica psiquiátrica. Entonces, ya las posibilidades del lugar de mi nacimiento serían:
- en el Sanatorio Central
- en un psiquiátrico
- en una casa de partos privada a cargo de dos pediatras
*Por las dudas, repito el nombre de la partera que firma mi partida de nacimiento:
Aurelia Diez de Baldi.
Si saben algo, aporten su granito de arena. Gracias.
Acabo de cumplir 43 años, y lo mismo de siempre. No quiero ser reiterativa.
Tengo algunos datos más para aportar a la búsqueda:
* Mi queridísima amiga Brenda acaba de estar en Bahía Blanca y fue personalmente a sacar fotos a las dos posibles direcciones de donde nací, Moreno al 100 y al 300, respectivamente, donde antes funcionaba el Sanatorio Central y ahora hay geriátricos (los dos lugares coinciden, por es es difícil saber cuál puede ser). Pongo las fotos acá por si alguien reconoce estos lugares. Parecen no haber cambiado mucho de como pueden haber sido hace 43 años.
*La señora en cuya casa de Yrigoyen 112 puede haberse alojado mi madre biológica antes de dar a luz (la foto de la casa viene pronto) no está muerta. Tiene Alzheimer, con lo cual, es inviable tratar de hablar con ella, pero sigue viva, según le confirmó hace poco su hijo adoptivo a una amiga en común. No entiendo por qué la otra asistente social me dijo que había muerto. ¿Mentir no era pecado? Curiosa, a veces, la moral católica. Al mismo tiempo, esta misma persona está en un retiro espiritual en Serbia, en un lugar en el que se aparece a veces, dicen, la Virgen ´María, y prometió rezar por mí. En fin... Da lo mismo. No, no da lo mismo, agrega una mancha más al tigre, pero el tigre tiene que seguir caminando y no tiene tiempo para detenerse en minucias. El tigre tiene, sin embargo, derecho a una rabieta. El tigre necesita tener fe, contra viento y marea, aun cuando le hayan mentido, aun cuando sus documentos sean falsos. El tigre no puede darse el lujo de perder la fe.Ya está. A otra cosa.
* Mi amiga Brenda comenta mi historia a gente de Bahía Blanca, que recuerda que frente al Sanatorio Central había una casa "donde nacían bebés", a cargo de dos pediatras, y que en el lugar en que funcionaba el Sanatorio hubo en un tiempo una clínica psiquiátrica. Entonces, ya las posibilidades del lugar de mi nacimiento serían:
- en el Sanatorio Central
- en un psiquiátrico
- en una casa de partos privada a cargo de dos pediatras
*Por las dudas, repito el nombre de la partera que firma mi partida de nacimiento:
Aurelia Diez de Baldi.
Si saben algo, aporten su granito de arena. Gracias.
martes, 19 de junio de 2012
Todos los papás son adoptivos
Ayer fue el día del padre y por supuesto me pasé el día recordando al mío, que ya no está. Hace tres años que no está pero sigo pensando en él todos los días. Y más pasa el tiempo, más me vuelven los recuerdos más risueños. La primera imagen que me viene a la mente de él siempre es su risa y sus brazos abiertos de par en par para abrazarme. Me acuerdo de pequeños momentos, imágenes: los dos haciendo los deberes en el balcón los sábados a la mañana; él durmiendo la siesta en la playa hecho una milanesa de arena; él enseñándome a nadar y haciendo trampa: "vení hasta donde estoy yo", y el muy tramposo daba pasitos hacia atrás para hacerme nadar un metro más para llegar a la meta, que se alejaba; yo, sentada en sus rodillas, aprendiendo a leer con las letras de molde del diario que él iba señalando con el dedo; los dos bailando un tango a la noche cuando él volvía de trabajar; los dos, adultos, sentados junto al horno de barro del campo, riéndonos, y en mis brazos, mi bebé, muy chiquito todavía...
Alguien me preguntó una vez por qué yo quería buscar a mi madre biológica y de mi padre biológico no me interesaba averiguar nada. Yo esbocé la respuesta más lógica y concreta, y también la más superficial: si ni siquiera sé quién es mi madre, cómo voy a poder buscar a mi padre... Primero tengo que encontrarla a ella, y ella me dirá... Pero escarbando un poco más, creo que la razón es que, en realidad, todos los papás son adoptivos. Es decir que, aunque sean los padres biológicos de su bebé, los hombres necesitan adoptar a la criatura que será su hijo o hija. Porque, aunque venga de su cuerpo y de su sangre, la concepción de esa criatura está tan lejana del momento del encuentro, que ese hombre que se transforma en padre tiene que hacer suya a esa criatura sólo después de que ya ha salido del cuerpo de su madre. Y en ese sentido, no es muy distinto de lo que le pasa a un padre no biológico. Por eso digo que todos los papás son adoptivos, porque tienen que adoptar como propia a esa criatura que sale de otro cuerpo, y a la vez su futuro hijo o hija tiene que hacer suyo a ese ser del que quizás reconozca la voz, pero no mucho más: su olor es nuevo, y nuevo es el compás del latido de su corazón cuando la/lo abraza sobre su pecho. Nuestro padre es siempre otro ser, que está allá afuera; a nuestra madre, al nacer, ni siquiera podemos distinguirla de nosotros mismos, pues sentimos que ella y nosotros somos uno, que somos parte de ella y ella, parte de nosotros. De ahí, para mí, la diferencia. Madre, queda dicho, hay una sola, pero repartida en dos personas físicas; padre, hay uno solo, el que adoptamos. Puede que me equivoque, pero no me imagino sintiendo nada por mi padre biológico; en cambio, por mi madre, sí, porque ella y yo fuimos una sola alguna vez, porque compartimos el alimento y la sangre, y el oxígeno, y yo respondía a la cadencia de sus movimientos, a sus estados de ánimo, a su voz, a su olor, al sosiego del compás de sus latidos. Y de pronto...el frío, el silencio, la quietud de una cuna con olor a hospital...un corte, drástico y definitivo. Y otra madre, otro olor, otros brazos, otros latidos, otra voz, otro calor. Y tuvimos que hacerla nuestra cuando todavía creíamos que nuestra primera madre y nosotros éramos una misma persona, una persona que de golpe se había partido en dos. No debe de haber sido fácil. Debe de haber sido profundamente desconcertante. En cambio, nuestro padre era otro más que estaba ahí afuera. No sé, es una teoría que se me ocurrió por tratar de pensar en una respuesta un poco más profunda a la pregunta.
Yo no pude empezar la búsqueda sino hasta después de que murió mi padre, porque sé que lo hubiera destrozado, él que tenía tanto miedo de perderme. Nunca hablamos sobre el tema. Nunca pude explicarle. Y nunca me sentí tan desamparada como cuando se fue, y tal vez también por eso nunca sentí hasta ese momento tanta necesidad de saber sobre mis orígenes. Y aún así, le sigo pidiendo permiso...
viernes, 8 de junio de 2012
Madre, ¿hay una sola?
Hace un par de días leí en el blog de Madre de Marte una entrada sobre el punto de vista de las madres biológicas. Se citaba un sitio web y un foro, con opiniones a veces extremas, en las que se llegaba a decir que una familia adoptiva en realidad no es una familia. Y creo que es pertinente plantearse un poco eso de qué es ser madre o padre, qué es ser hijo. ¿Quién es más madre? En mi opinión, si tengo que responder en una línea, diría que para un hijo adoptivo, su madre es un ser que vino repartido en dos personas físicas, pero en su psiquis, están siempre unidas, y una no puede existir sin la otra. Si me dan más de una línea, explico mejor. Y viene a cuento una nota que escribí sobre el día de la madre en Argentina, allá por octubre.
Voilà.
Madre, ¿hay una sola?
Depende de qué entendamos por madre. En general, por madre se entiende una mujer que engendra un hijo o hija, l@ lleva nueve meses en su vientre, comparte con él o con ella su sangre, sus genes, su alimento, en total simbiosis hasta el nacimiento, ese momento en que tiene que expulsarl@ de ese limbo para que siga creciendo y desarrollándose como persona independiente. Y ahí empieza ese gran desafío que persigue a una madre toda la vida: amar y educar a esa criatura para que un día se aleje, avanzar hacia una meta que, en el fondo, sabe que le dolerá pero, al igual que el parto físico del comienzo, será un dolor dulce. Y a partir del nacimiento entonces, madre es la que alimenta, cuida, acaricia, abraza, besa rodillas raspadas, hace avioncitos con la papilla o la manzana rallada, inventa cuentos, seca lágrimas, se ríe a carcajadas, pone remiendos en los cuadernos y en las rodillas de los pantalones, pero sobre todo en los moretones del alma, repite hasta el cansancio "lavate los dientes, hacé los deberes, andá a bañarte, te vas a la cama ya" y muchas, muchas veces "no, no, no, no, no". Madre es la que te da el empujoncito cuando flaqueás, la que te exige cuando sabe que podés más, la que te reta cuando ve que no te hacés respetar, que te rodeás de gente que no te respeta, cuando desperdiciás tu talento. Madre es la que te "hace gamba", la que te hace compañía mientras estudiás para un final, la que te pone un café al lado, en silencio, la que te alienta a que te presentes a la entrevista, la que viene a darte una mano y te limpia el departamento cuando el trabajo te desborda, la que tiene a tu bebé en brazos cuando ya no das más, la que te entretiene a los chicos para que puedas salir, la que te escucha, la que está...siempre...
La inmensa mayoría de la gente tiene la dicha de encontrar todo eso en una misma persona. Y por eso, dice sin temor a equivocarse que madre hay una sola. Otros tenemos otra experiencia. Algunos tenemos más de una madre. También somos dichosos, porque tuvimos y tenemos todo eso, sólo que no en una misma persona física. Yo, por ejemplo, tuve (y quizás todavía tengo) dos. De la primera, sé poco y nada. Sé que no me buscó, que de algún modo llegué a su vida en un momento inoportuno. Pero aún así, siguió adelante con el embarazo. Me llevó en su vientre, compartió conmigo genes, sangre, alimento, estados de ánimo, quién sabe cuántas cosas más. Llegado el momento, me dio a luz, me dejó en buenas manos, y se fue para siempre. Quizás nunca sabré por qué. Quizás nunca vuelva a verla. Quizás nunca sepa siquiera su nombre. Quizás nunca llegue a decirle que no le guardo rencor y que me gustaría que me contara su historia y ese punto en que su historia se cruzó con la mía. Dios dirá.
Apenas dos días después de nacida, un 16 de octubre, como hoy, llegó a mi vida mi segunda madre, mi mamá, mi vieja, ella, la única e incomparable. Le dijeron que yo sólo pesaba 2, 2 kilos, que era muy frágil, que el menor resfrío podía ser fatal. Le preguntaron que si se animaba a ser mi mamá. Y la muy inconsciente dijo que sí, medio distraída como estaba acomodándome la mamadera y poniéndome la ropa que me había elegido. Así fue como me llevó de mi Bahía Blanca natal hasta el pueblo que sería mi pueblo natal por adopción, o algo así, y durante un mes no se apartó de mí ni dejó que nadie más se acercara, así de exagerada, como siempre. Y después, hizo todo eso que una madre hace y más. Vinieron la manzana rallada y los cuentos del carnero Pedro y la ovejita Mariana; las conversaciones con personajes imaginarios; horas y horas de hamacas y toboganes y subibajas; y medialunas de chocolate y alfajores de maicena y arroz con leche y flan casero; y hombro donde llorar y falda donde sentarme; y la leche siempre lista a la vuelta de la escuela, y el oído atento. Su presencia, siempre. En las buenas, en las regulares y, sobre todo, en las malas. Y el tejido y la charla mientras yo estudiaba (hay veces que pienso que ese entrenamiento de hacer los deberes en la cocina charlando con ella me preparó para mi profesión de intérprete, por aquello de saber hablar y escuchar y pensar al mismo tiempo...). Y sus misiones a Buenos Aires cuando la precisaba. Y ese saber estar ahí siempre sin invadirme. Y su alegría, su sentido del humor, la capacidad para rearmarse y reinventarse. Y el cariño multiplicado hacia sus nietos, mis retoños. Y ese empujarme siempre para que llegue a donde yo quisiera, porque vaya persiguiendo el sueño hasta donde me llevara, aunque ese lugar quedara lejos, muy lejos de casa.
Y hoy que estoy tan lejos físicamente, veo más claro. Y veo que sí, que madre hay una sola, aunque venga repartida en más de una persona.
Vaya entonces mi saludo atrasado por el día de la madre a todas las madres, y más especialmente a las que lo son por adopción, como la mía.
Voilà.
Madre, ¿hay una sola?
Depende de qué entendamos por madre. En general, por madre se entiende una mujer que engendra un hijo o hija, l@ lleva nueve meses en su vientre, comparte con él o con ella su sangre, sus genes, su alimento, en total simbiosis hasta el nacimiento, ese momento en que tiene que expulsarl@ de ese limbo para que siga creciendo y desarrollándose como persona independiente. Y ahí empieza ese gran desafío que persigue a una madre toda la vida: amar y educar a esa criatura para que un día se aleje, avanzar hacia una meta que, en el fondo, sabe que le dolerá pero, al igual que el parto físico del comienzo, será un dolor dulce. Y a partir del nacimiento entonces, madre es la que alimenta, cuida, acaricia, abraza, besa rodillas raspadas, hace avioncitos con la papilla o la manzana rallada, inventa cuentos, seca lágrimas, se ríe a carcajadas, pone remiendos en los cuadernos y en las rodillas de los pantalones, pero sobre todo en los moretones del alma, repite hasta el cansancio "lavate los dientes, hacé los deberes, andá a bañarte, te vas a la cama ya" y muchas, muchas veces "no, no, no, no, no". Madre es la que te da el empujoncito cuando flaqueás, la que te exige cuando sabe que podés más, la que te reta cuando ve que no te hacés respetar, que te rodeás de gente que no te respeta, cuando desperdiciás tu talento. Madre es la que te "hace gamba", la que te hace compañía mientras estudiás para un final, la que te pone un café al lado, en silencio, la que te alienta a que te presentes a la entrevista, la que viene a darte una mano y te limpia el departamento cuando el trabajo te desborda, la que tiene a tu bebé en brazos cuando ya no das más, la que te entretiene a los chicos para que puedas salir, la que te escucha, la que está...siempre...
La inmensa mayoría de la gente tiene la dicha de encontrar todo eso en una misma persona. Y por eso, dice sin temor a equivocarse que madre hay una sola. Otros tenemos otra experiencia. Algunos tenemos más de una madre. También somos dichosos, porque tuvimos y tenemos todo eso, sólo que no en una misma persona física. Yo, por ejemplo, tuve (y quizás todavía tengo) dos. De la primera, sé poco y nada. Sé que no me buscó, que de algún modo llegué a su vida en un momento inoportuno. Pero aún así, siguió adelante con el embarazo. Me llevó en su vientre, compartió conmigo genes, sangre, alimento, estados de ánimo, quién sabe cuántas cosas más. Llegado el momento, me dio a luz, me dejó en buenas manos, y se fue para siempre. Quizás nunca sabré por qué. Quizás nunca vuelva a verla. Quizás nunca sepa siquiera su nombre. Quizás nunca llegue a decirle que no le guardo rencor y que me gustaría que me contara su historia y ese punto en que su historia se cruzó con la mía. Dios dirá.
Apenas dos días después de nacida, un 16 de octubre, como hoy, llegó a mi vida mi segunda madre, mi mamá, mi vieja, ella, la única e incomparable. Le dijeron que yo sólo pesaba 2, 2 kilos, que era muy frágil, que el menor resfrío podía ser fatal. Le preguntaron que si se animaba a ser mi mamá. Y la muy inconsciente dijo que sí, medio distraída como estaba acomodándome la mamadera y poniéndome la ropa que me había elegido. Así fue como me llevó de mi Bahía Blanca natal hasta el pueblo que sería mi pueblo natal por adopción, o algo así, y durante un mes no se apartó de mí ni dejó que nadie más se acercara, así de exagerada, como siempre. Y después, hizo todo eso que una madre hace y más. Vinieron la manzana rallada y los cuentos del carnero Pedro y la ovejita Mariana; las conversaciones con personajes imaginarios; horas y horas de hamacas y toboganes y subibajas; y medialunas de chocolate y alfajores de maicena y arroz con leche y flan casero; y hombro donde llorar y falda donde sentarme; y la leche siempre lista a la vuelta de la escuela, y el oído atento. Su presencia, siempre. En las buenas, en las regulares y, sobre todo, en las malas. Y el tejido y la charla mientras yo estudiaba (hay veces que pienso que ese entrenamiento de hacer los deberes en la cocina charlando con ella me preparó para mi profesión de intérprete, por aquello de saber hablar y escuchar y pensar al mismo tiempo...). Y sus misiones a Buenos Aires cuando la precisaba. Y ese saber estar ahí siempre sin invadirme. Y su alegría, su sentido del humor, la capacidad para rearmarse y reinventarse. Y el cariño multiplicado hacia sus nietos, mis retoños. Y ese empujarme siempre para que llegue a donde yo quisiera, porque vaya persiguiendo el sueño hasta donde me llevara, aunque ese lugar quedara lejos, muy lejos de casa.
Y hoy que estoy tan lejos físicamente, veo más claro. Y veo que sí, que madre hay una sola, aunque venga repartida en más de una persona.
Vaya entonces mi saludo atrasado por el día de la madre a todas las madres, y más especialmente a las que lo son por adopción, como la mía.
Etiquetas: búsqueda
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Madres biológicas,
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martes, 17 de abril de 2012
Obstinación y miedo
Escribo tan poco por acá y, encima, con palabras prestadas. Pero hoy estaba releyendo el poema de Vinicious de Moraes "O Haver", y esta estrofa se me quedó adentro y ya no pude separarme de ella:
Una traducción aproximada sería:
"Queda esa obstinación en no huir del laberinto
en la búsqueda desesperada de alguna puerta, quién sabe inexistente
y ese coraje indecible frente al Gran Miedo
y al mismo tiempo ese terrible miedo de renacer en la oscuridad."
Mejor no podría reflejar lo que siento -me atrevería a decir, lo que sentimos- al buscar, al dejar de buscar, al volver a buscar, al nunca dejar de buscar...te.
Si tuviera que definir en dos palabras lo que siento, diría eso: obstinación (¿obsesión, a veces?) y miedo. Y desaliento, de a ratos.
Hace rato viene ganando el desaliento. Pero no hay salida de este laberinto. Porque la oscuridad conocida, la ignorancia, que no en vano está etimológicamente emparentada con la añoranza (lean "La ignorancia" de Kundera, vale la pena, aunque no esté directamente relacionada con este tema, hay un capítulo entero sobre la etimología de la palabra que es imperdible), nos acompaña desde siempre, nos acecha a cuentagotas. ¿Entonces, es peor el miedo? El gran miedo a que se confirmen nuestros peores temores. A ser rechazados una vez más. De a ratos. Y de a ratos, lo que gana, lo que de verdad gana es la desidia, el cansancio, esa rebeldía a representar el papel de Sísifo.
Es todo por hoy. Y no sé hasta cuando.
"Resta essa obstinação em não fugir do labirinto
Na busca desesperada de alguma porta quem sabe inexistente
E essa coragem indizível diante do Grande Medo
E ao mesmo tempo esse terrível medo de renascer dentro da treva."
Una traducción aproximada sería:
"Queda esa obstinación en no huir del laberinto
en la búsqueda desesperada de alguna puerta, quién sabe inexistente
y ese coraje indecible frente al Gran Miedo
y al mismo tiempo ese terrible miedo de renacer en la oscuridad."
Mejor no podría reflejar lo que siento -me atrevería a decir, lo que sentimos- al buscar, al dejar de buscar, al volver a buscar, al nunca dejar de buscar...te.
Si tuviera que definir en dos palabras lo que siento, diría eso: obstinación (¿obsesión, a veces?) y miedo. Y desaliento, de a ratos.
Hace rato viene ganando el desaliento. Pero no hay salida de este laberinto. Porque la oscuridad conocida, la ignorancia, que no en vano está etimológicamente emparentada con la añoranza (lean "La ignorancia" de Kundera, vale la pena, aunque no esté directamente relacionada con este tema, hay un capítulo entero sobre la etimología de la palabra que es imperdible), nos acompaña desde siempre, nos acecha a cuentagotas. ¿Entonces, es peor el miedo? El gran miedo a que se confirmen nuestros peores temores. A ser rechazados una vez más. De a ratos. Y de a ratos, lo que gana, lo que de verdad gana es la desidia, el cansancio, esa rebeldía a representar el papel de Sísifo.
Es todo por hoy. Y no sé hasta cuando.
viernes, 14 de octubre de 2011
Cumpleaños
He comprobado que, por anciana
que sea una mujer, conserva grabados a fuego en su memoria, con increíble
nitidez, los detalles de los momentos que precedieron al nacimiento de sus
hijos. Es como si la vida se hubiera detenido allí un momento y dejado una
huella imborrable. Yo misma, en cada cumpleaños de mis hijos, rememoro esos
momentos y me explayo, con lujo de detalles, contándoles y contestando a sus
muchas preguntas. Y es el cumpleaños ese retorno al origen de la vida. Por eso
mis cumpleaños son agridulces. Tengo mucho para celebrar y seres queridos con
quienes festejar, pero esa pequeña historia me la tengo que inventar, y no puedo
dejar de hacerme todas esas preguntas sin respuesta, no puedo dejar de pensar
en vos. ¿Habré sido tu primera hija? ¿Habré sido tu única hija? ¿Con quién
estabas aquel día de octubre de 1969 cuando te internaste en el sanatorio para
parirme? ¿Qué sentías? ¿En algún momento sentiste dudas? Y después que me
dejaste, ¿qué sentiste? ¿Te acordarás hoy vos también de ese día?
Y así es que hoy, a los 42,
todavía sigo preguntándome quién sos, dónde estás, si te acordarás de mí, y por
qué, por qué, por qué...
A la mañana, me despertarán con
besos y abrazos, y felizcumpleaños, y regalos y llamadas y mensajes, y el
momento presente irá ganando la pulseada y me acostaré cansada y feliz. Pero
este momento, este momento que es la hora en que nací, hace hoy 42 años, este
momento es sólo mío y tuyo y brindo una vez más con el fantasma de tu ausencia,
hasta que volvamos a encontrarnos.
lunes, 4 de julio de 2011
Con ojos de niño
En estas últimas semanas, mi hijo de 8 años, que suele analizar mucho todo, está muy centrado en el tema de la adopción, al que generalmente llega por asociación con sus mascotas. Comparto con ustedes dos de esas conversaciones y reflexiones que para mí han sido como si me pusieran un espejo delante y me cerraran todas las vías de escape: mi hijo me obliga a enfrentarme a mí misma, a cuestionar y cuestionarme, a ver las cosas como son, sin más. Alguien dijo (algunos dicen que fue Einstein, otros Feynman, el Nobel de física, pero poco importa quién fue) que si uno no puede explicarle algo un chico de 6 años es porque uno mismo no lo entiende. Y la verdad que más avanzaba la conversación, más inentendible me parecía todo. Es bueno a veces ver las cosas con ojos de niño…Por momentos, al charlar con él, sentía que los roles estaban invertidos, que él era el más sabio de los dos, el que estaba "mejor parado" ante la vida, y, por otro lado, también sentí que hay sentimientos y experiencias intransferibles y que nunca va a poder sentir lo que siento yo, a pesar de su inmensa capacidad de empatía que nunca deja de conmoverme porque a su edad, no es tan común. Mi otro hijo es igual en eso (quiere ser psicólogo cuando sea grande), pero más reservado, es más de escuchar pero no hablar, y casi nunca habla de ese tema. En fin, no los quiero aburrir. Pasemos a las conversaciones. Me gustaría, eso sí, que me comenten ustedes (los adoptados) si tienen este tipo de charlas con sus hijos, si les dicen cosas parecidas, y qué sienten ustedes. Hace poco, Patri Holmes en su blog preguntaba si creíamos que nuestra condición de adoptados influía en nuestra manera de ser padres. Yo siempre me lo pregunto. También me pregunto cómo es la experiencia de ser hijo de un adoptado, si en algún momento ustedes (los que tienen una mamá o un papá adoptad@) sintieron que esto es algo que influyó en su relación con sus padres o que explica de algún modo algunas actitudes de sus padres. Gracias por participar y responderme.
Aquí van:
Conversación 1:
Mi hijo: "Mami, cuando nos vayamos de vacaciones, ¿qué vamos a hacer con Pipo y Catu?
Yo: “Los vamos a dejar en la veterinaria, porque ahí tienen a los animalitos cuando los dueños no pueden tenerlos por un día, hasta que vuelven a buscarlos.”
MH: “Mirá si creen que no volvemos más y que los dimos en adopción…”
Y: “No, no te preocupes, eso no va a pasar porque en la veterinaria saben que nos vamos por una semana nada más, no los van a dar en adopción.”
MH: “Ya sé, pero yo digo Pipo y Catu. ¿Cómo saben ellos que vamos a volver? Porque ellos no entienden. Mirá si creen que nunca vamos a volver y que los dejamos ahí y los pusimos en una lista de adopción. Se van a morir de tristeza…”
Y: “No, los animales saben. Vos no te preocupes.”
MH: “¿Cómo puede haber gente que pone un bebé en una lista de adopción, que lo deja así y no vuelve más? ¿A quién se le puede ocurrir algo así? ¿A vos por qué te dejaron? ¿Dónde te dejaron?”
Y: “Me dejaron en la clínica donde nací.”
MH: “¿Y estabas triste?”
Y: “No sé. Era recién nacida. No sé si me di cuenta.”
MH: “¿Y por qué?”
Y: “No sé. Pero me puedo imaginar algunos motivos: por ejemplo, que a lo mejor mi madre era muy pobre y no me podía cuidar, porque tenía que trabajar…”
MH: “Pero te podría haber dejado en una guardería mientras trabajaba y después volvía a buscarte, como hacías vos cuando yo era chiquito. Vos también trabajabas. No me parece que eso sea como para dejar un bebé y no verlo nunca más. ¿Vos te das cuenta de lo que es eso? Yo nunca pensé que una mamá podía dejar a su bebé, y ahora me da miedo, porque si te pasó a vos me puede pasar a mí. ¿Vos me dejarías para siempre?
Y: “¡Jamás! Porque mi realidad es otra, muy distinta. Cuando vos naciste, yo no estaba sola, estaba con papá, que me acompañaba y me ayudaba. Tenía a los abuelos que también me ayudaban… A lo mejor mi madre no tenía nada de eso.”
MH: “¿Cómo? ¿Una mamá puede tener a un hijo sola? Yo creía que para tener un bebé hacían falta una mamá y un papá…”
Y: “Sí, es así como vos pensás. Hacen falta una mamá y un papá. Pero a veces las personas tienen hijos sin querer. Nosotros a vos te pensamos desde mucho antes que nacieras. Decidimos que ibas a nacer. Te tuvimos porque queríamos tenerte, y cuando naciste, te estábamos esperando los dos, muy contentos de por fin conocerte, y tu hermano también te esperaba… En cambio, a lo mejor mis padres no querían tener un hijo o no estaban preparados, y entonces a lo mejor mi padre no quiso saber nada y mi madre sola no podía, o a lo mejor, tampoco quería. A lo mejor eran los dos muy jóvenes y sus padres decidieron que lo mejor era darme en adopción, qué se yo…”
MH: “Sí pero cuando el bebé ya está, hay que cuidarlo. El bebé no tiene la culpa de que no lo quisieran tener. Eso está mal. Cuando un bebe nace, hay que cuidarlo y quererlo porque si no, se muere…Tener un hijo y dejarlo así, para que otra persona lo críe está mal.”
Y: “No podemos juzgar así, sin saber. ¿Qué sabemos qué pasó? A lo mejor mi madre estaba enferma… Hay circunstancias muy distintas, que ni nos imaginamos. Yo a vos nunca te hubiera dejado y nunca te voy a dejar porque todo es tan distinto para mí.”
MH: “Ya sé. Pero es que yo te quiero mucho y no entiendo cómo alguien te puede haber dejado así, solita… Me pone triste. Me da rabia. Menos mal que yo no soy adoptado porque yo tendría mucha rabia y estaría muy triste si eso me pasaba a mí. O pensaría que no sirvo para nada y que por eso me dejaron, que la culpa es mía.”
Y: “Sí, es cierto. A veces yo he sentido todo eso que vos decís, pero no te olvides de que yo tuve una mamá y un papá que me quisieron y me quieren mucho, y después me enamoré, y después los tuve a ustedes dos, y eso es tan fuerte que compensa todo lo demás, lo tapa. Todo ese amor puede más.”
MH: “Sí, pero igual. Eso no cambia que te dejaron.”
………………………………………………………………………………………………………
Conversación 2 (a bordo de un colectivo):
Mi hijo: “Entonces, ¿vos estás segura que sos adoptada?”
Yo: “Sí, segura.”
Mi hijo: “¿Y no pensás nunca por qué o quién fue tu primera mamá?
Yo: “Sí. Me lo pregunto todo el tiempo.”
MH: “¿Cómo se llamaba?”
Yo: “No sé.”
MH: “¿Cuántos años tenía?
Yo: “No sé.”
MH: “No sabés nada de nada. ¿Cómo nunca preguntaste?”
Yo: “Es que no tengo a quién preguntarle…”
MH: “Y, en la agencia de adopción. En algún lado tiene que decir algo. O un certificado de nacimiento…Yo tengo uno.”
Yo: “No, es que no me adoptaron en una agencia.”
MH: “Ah… ¿Los bebés solamente se pueden adoptar o también se pueden comprar, como las mascotas?”
Yo: “No, los bebés no se compran.”
MH: “Ah… Entonces, si no te compraron ni te adoptaron de una agencia, ¿cómo hicieron?”
Yo: “Me fueron a buscar al hospital donde nací. Y me hicieron un certificado de nacimiento, igual que si yo hubiera nacido de la panza de la abuela, ¿entendés? Pusieron los nombres de ellos.”
MH: “Ah, por eso, no está el nombre, claro…Uy, entonces nunca vas a saber… ¿Y por qué hicieron eso?”
Yo: “No sé. Pero, ¿sabés una cosa? Yo justamente ahora la estoy buscando.”
MH: “¿A la mamá que te dejó?”
Yo: “Sí. Para poder hacerle todas esas preguntas que vos me hacés a mí. Para saber qué pasó.”
MH: “¿Y cómo vas a buscarla, así en el mundo? ¿Preguntándole a la gente por la calle? Es muy loco eso… ¡Ya sé! ¡Podés buscarla en Google! En Internet, podés encontrar lo que quieras…”
Y: “Sí, más o menos eso estoy haciendo. En Google no puedo buscarla porque no tengo el nombre, aunque igual por Google encontré varias cosas que me llevaron a saber el lugar exacto en el que nací y hasta sé cómo se llamaba la señora a la que mi primera mamá me dio para que me buscara otra mamá.”
MH: “¿En serio? ¡Qué bien! ¿Y?”
Y: “Y, esa persona ya está muerta.”
MH: “Qué lástima…Y bueno, a lo mejor la encontrás. Y si no la encontrás, qué vamos a hacer. Pero por lo menos la estás buscando.”
Y: “¿A vos te parece una buena idea?
MH: “Sí. Vos tenés que buscarla. Necesitás buscarla. Si no, vas a estar pensando todo el tiempo…”
Y: “¿Y si la encuentro, a vos te gustaría conocerla?”
MH: “No. No creo. No sabría qué decirle. Sos vos la que necesita encontrarla. Después, me contás y listo. Yo creo que ella no era mala. Y a lo mejor no era que no te quería. Para mí, a lo mejor no tenía una buena vida y quería que vos tengas una vida mejor. Y dijo, mejor que siga sola y tenga una buena vida con otros padres. Igual que Leela, de Futurama. ¿Sabías que los padres eran mutantes y la abandonaron en un orfanato? Hace poco Leela los quería buscar y Fry la ayudó, y los encontraron. ¿Y sabés qué? Al final ellos la querían mucho pero pensaban que era mejor si la tenían los humanos porque a los mutantes nadie los quiere. Y resulta que ellos todo el tiempo estaban cerca de Leela y ella no sabía. Y le dejaban regalos de sorpresa y ella no sabía de quién eran, y toda la vida la cuidaban de lejos y ella, sin saber… Sí, yo creo que fue así. Si no la encontrás, pensá que fue así. Y si la encontrás, le preguntás. Y después me contás.”
Y después te cuento, dulzura… Después, te cuento…
Aquí van:
Conversación 1:
Mi hijo: "Mami, cuando nos vayamos de vacaciones, ¿qué vamos a hacer con Pipo y Catu?
Yo: “Los vamos a dejar en la veterinaria, porque ahí tienen a los animalitos cuando los dueños no pueden tenerlos por un día, hasta que vuelven a buscarlos.”
MH: “Mirá si creen que no volvemos más y que los dimos en adopción…”
Y: “No, no te preocupes, eso no va a pasar porque en la veterinaria saben que nos vamos por una semana nada más, no los van a dar en adopción.”
MH: “Ya sé, pero yo digo Pipo y Catu. ¿Cómo saben ellos que vamos a volver? Porque ellos no entienden. Mirá si creen que nunca vamos a volver y que los dejamos ahí y los pusimos en una lista de adopción. Se van a morir de tristeza…”
Y: “No, los animales saben. Vos no te preocupes.”
MH: “¿Cómo puede haber gente que pone un bebé en una lista de adopción, que lo deja así y no vuelve más? ¿A quién se le puede ocurrir algo así? ¿A vos por qué te dejaron? ¿Dónde te dejaron?”
Y: “Me dejaron en la clínica donde nací.”
MH: “¿Y estabas triste?”
Y: “No sé. Era recién nacida. No sé si me di cuenta.”
MH: “¿Y por qué?”
Y: “No sé. Pero me puedo imaginar algunos motivos: por ejemplo, que a lo mejor mi madre era muy pobre y no me podía cuidar, porque tenía que trabajar…”
MH: “Pero te podría haber dejado en una guardería mientras trabajaba y después volvía a buscarte, como hacías vos cuando yo era chiquito. Vos también trabajabas. No me parece que eso sea como para dejar un bebé y no verlo nunca más. ¿Vos te das cuenta de lo que es eso? Yo nunca pensé que una mamá podía dejar a su bebé, y ahora me da miedo, porque si te pasó a vos me puede pasar a mí. ¿Vos me dejarías para siempre?
Y: “¡Jamás! Porque mi realidad es otra, muy distinta. Cuando vos naciste, yo no estaba sola, estaba con papá, que me acompañaba y me ayudaba. Tenía a los abuelos que también me ayudaban… A lo mejor mi madre no tenía nada de eso.”
MH: “¿Cómo? ¿Una mamá puede tener a un hijo sola? Yo creía que para tener un bebé hacían falta una mamá y un papá…”
Y: “Sí, es así como vos pensás. Hacen falta una mamá y un papá. Pero a veces las personas tienen hijos sin querer. Nosotros a vos te pensamos desde mucho antes que nacieras. Decidimos que ibas a nacer. Te tuvimos porque queríamos tenerte, y cuando naciste, te estábamos esperando los dos, muy contentos de por fin conocerte, y tu hermano también te esperaba… En cambio, a lo mejor mis padres no querían tener un hijo o no estaban preparados, y entonces a lo mejor mi padre no quiso saber nada y mi madre sola no podía, o a lo mejor, tampoco quería. A lo mejor eran los dos muy jóvenes y sus padres decidieron que lo mejor era darme en adopción, qué se yo…”
MH: “Sí pero cuando el bebé ya está, hay que cuidarlo. El bebé no tiene la culpa de que no lo quisieran tener. Eso está mal. Cuando un bebe nace, hay que cuidarlo y quererlo porque si no, se muere…Tener un hijo y dejarlo así, para que otra persona lo críe está mal.”
Y: “No podemos juzgar así, sin saber. ¿Qué sabemos qué pasó? A lo mejor mi madre estaba enferma… Hay circunstancias muy distintas, que ni nos imaginamos. Yo a vos nunca te hubiera dejado y nunca te voy a dejar porque todo es tan distinto para mí.”
MH: “Ya sé. Pero es que yo te quiero mucho y no entiendo cómo alguien te puede haber dejado así, solita… Me pone triste. Me da rabia. Menos mal que yo no soy adoptado porque yo tendría mucha rabia y estaría muy triste si eso me pasaba a mí. O pensaría que no sirvo para nada y que por eso me dejaron, que la culpa es mía.”
Y: “Sí, es cierto. A veces yo he sentido todo eso que vos decís, pero no te olvides de que yo tuve una mamá y un papá que me quisieron y me quieren mucho, y después me enamoré, y después los tuve a ustedes dos, y eso es tan fuerte que compensa todo lo demás, lo tapa. Todo ese amor puede más.”
MH: “Sí, pero igual. Eso no cambia que te dejaron.”
………………………………………………………………………………………………………
Conversación 2 (a bordo de un colectivo):
Mi hijo: “Entonces, ¿vos estás segura que sos adoptada?”
Yo: “Sí, segura.”
Mi hijo: “¿Y no pensás nunca por qué o quién fue tu primera mamá?
Yo: “Sí. Me lo pregunto todo el tiempo.”
MH: “¿Cómo se llamaba?”
Yo: “No sé.”
MH: “¿Cuántos años tenía?
Yo: “No sé.”
MH: “No sabés nada de nada. ¿Cómo nunca preguntaste?”
Yo: “Es que no tengo a quién preguntarle…”
MH: “Y, en la agencia de adopción. En algún lado tiene que decir algo. O un certificado de nacimiento…Yo tengo uno.”
Yo: “No, es que no me adoptaron en una agencia.”
MH: “Ah… ¿Los bebés solamente se pueden adoptar o también se pueden comprar, como las mascotas?”
Yo: “No, los bebés no se compran.”
MH: “Ah… Entonces, si no te compraron ni te adoptaron de una agencia, ¿cómo hicieron?”
Yo: “Me fueron a buscar al hospital donde nací. Y me hicieron un certificado de nacimiento, igual que si yo hubiera nacido de la panza de la abuela, ¿entendés? Pusieron los nombres de ellos.”
MH: “Ah, por eso, no está el nombre, claro…Uy, entonces nunca vas a saber… ¿Y por qué hicieron eso?”
Yo: “No sé. Pero, ¿sabés una cosa? Yo justamente ahora la estoy buscando.”
MH: “¿A la mamá que te dejó?”
Yo: “Sí. Para poder hacerle todas esas preguntas que vos me hacés a mí. Para saber qué pasó.”
MH: “¿Y cómo vas a buscarla, así en el mundo? ¿Preguntándole a la gente por la calle? Es muy loco eso… ¡Ya sé! ¡Podés buscarla en Google! En Internet, podés encontrar lo que quieras…”
Y: “Sí, más o menos eso estoy haciendo. En Google no puedo buscarla porque no tengo el nombre, aunque igual por Google encontré varias cosas que me llevaron a saber el lugar exacto en el que nací y hasta sé cómo se llamaba la señora a la que mi primera mamá me dio para que me buscara otra mamá.”
MH: “¿En serio? ¡Qué bien! ¿Y?”
Y: “Y, esa persona ya está muerta.”
MH: “Qué lástima…Y bueno, a lo mejor la encontrás. Y si no la encontrás, qué vamos a hacer. Pero por lo menos la estás buscando.”
Y: “¿A vos te parece una buena idea?
MH: “Sí. Vos tenés que buscarla. Necesitás buscarla. Si no, vas a estar pensando todo el tiempo…”
Y: “¿Y si la encuentro, a vos te gustaría conocerla?”
MH: “No. No creo. No sabría qué decirle. Sos vos la que necesita encontrarla. Después, me contás y listo. Yo creo que ella no era mala. Y a lo mejor no era que no te quería. Para mí, a lo mejor no tenía una buena vida y quería que vos tengas una vida mejor. Y dijo, mejor que siga sola y tenga una buena vida con otros padres. Igual que Leela, de Futurama. ¿Sabías que los padres eran mutantes y la abandonaron en un orfanato? Hace poco Leela los quería buscar y Fry la ayudó, y los encontraron. ¿Y sabés qué? Al final ellos la querían mucho pero pensaban que era mejor si la tenían los humanos porque a los mutantes nadie los quiere. Y resulta que ellos todo el tiempo estaban cerca de Leela y ella no sabía. Y le dejaban regalos de sorpresa y ella no sabía de quién eran, y toda la vida la cuidaban de lejos y ella, sin saber… Sí, yo creo que fue así. Si no la encontrás, pensá que fue así. Y si la encontrás, le preguntás. Y después me contás.”
Y después te cuento, dulzura… Después, te cuento…
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