Datos personales


Te estoy buscando. A vos, mi madre biológica.
 
Me diste a luz el 14 de octubre de 1969 en el entonces Sanatorio Central de Bahía Blanca, o en una clínica de dos pediatras o en el Hospital Penna de Bahía Blanca, a las 2 de la madrugada. Me entregaste por intermedio de NEF-Niños en familia (tal vez hablaste con Marta Bermudez, la que era Directora de NEF, y quizás pasaste en su casa el último tramo de tu embarazo). Te busco para conocer tu historia y la mía, para escucharte, para entenderte, para verte una vez más, para saber si tengo hermanos. Animate. Escribime a bahiaoctubre69@yahoo.com. Te espero.

martes, 19 de junio de 2012

Todos los papás son adoptivos

Ayer fue el día del padre y por supuesto me pasé el día recordando al mío, que ya no está. Hace tres años que no está pero sigo pensando en él todos los días. Y más pasa el tiempo, más me vuelven los recuerdos más risueños. La primera imagen que me viene a la mente de él siempre es su risa y sus brazos abiertos de par en par para abrazarme. Me acuerdo de pequeños momentos, imágenes: los dos haciendo los deberes en el balcón los sábados a la mañana; él durmiendo la siesta en la playa hecho una milanesa de arena; él enseñándome a nadar y haciendo trampa: "vení hasta donde estoy yo", y el muy tramposo daba pasitos hacia atrás para hacerme nadar un metro más para llegar a la meta, que se alejaba; yo, sentada en sus rodillas, aprendiendo a leer con las letras de molde del diario que él iba señalando con el dedo; los dos bailando un tango a la noche cuando él volvía de trabajar; los dos, adultos, sentados junto al horno de barro del campo, riéndonos, y en mis brazos, mi bebé, muy chiquito todavía...

Alguien me preguntó una vez por qué yo quería buscar a mi madre biológica y de mi padre biológico no me interesaba averiguar nada. Yo esbocé la respuesta más lógica y concreta, y también la más superficial: si ni siquiera sé quién es mi madre, cómo voy a poder buscar a mi padre... Primero tengo que encontrarla a ella, y ella me dirá... Pero escarbando un poco más, creo que la razón es que, en realidad, todos los papás son adoptivos. Es decir que, aunque sean los padres biológicos de su bebé, los hombres necesitan adoptar a la criatura que será su hijo o hija. Porque, aunque venga de su cuerpo y de su sangre, la concepción de esa criatura está tan lejana del momento del encuentro, que ese hombre que se transforma en padre tiene que hacer suya a esa criatura sólo después de que ya ha salido del cuerpo de su madre. Y en ese sentido, no es muy distinto de lo que le pasa a un padre no biológico. Por eso digo que todos los papás son adoptivos, porque tienen que adoptar como propia a esa criatura que sale de otro cuerpo, y a la vez su futuro hijo o hija tiene que hacer suyo a ese ser del que quizás reconozca la voz, pero no mucho más: su olor es nuevo, y nuevo es el compás del latido de su corazón cuando la/lo abraza sobre su pecho. Nuestro padre es siempre otro ser, que está allá afuera; a nuestra madre, al nacer, ni siquiera podemos distinguirla de nosotros mismos, pues sentimos que ella y nosotros somos uno, que somos parte de ella y ella, parte de nosotros. De ahí, para mí, la diferencia. Madre, queda dicho, hay una sola, pero repartida en dos personas físicas; padre, hay uno solo, el que adoptamos. Puede que me equivoque, pero no me imagino sintiendo nada por mi padre biológico; en cambio, por mi madre, sí, porque ella y yo fuimos una sola alguna vez, porque compartimos el alimento y la sangre, y el oxígeno, y yo respondía a la cadencia de sus movimientos, a sus estados de ánimo, a su voz, a su olor, al sosiego del compás de sus latidos. Y de pronto...el frío, el silencio, la quietud de una cuna con olor a hospital...un corte, drástico y definitivo. Y otra madre, otro olor, otros brazos, otros latidos, otra voz, otro calor. Y tuvimos que hacerla nuestra cuando todavía creíamos que nuestra primera madre y nosotros éramos una misma persona, una persona que de golpe se había partido en dos. No debe de haber sido fácil. Debe de haber sido profundamente desconcertante. En cambio, nuestro padre era otro más que estaba ahí afuera. No sé, es una teoría que se me ocurrió por tratar de pensar en una respuesta un poco más profunda a la pregunta.

Yo no pude empezar la búsqueda sino hasta después de que murió mi padre, porque sé que lo hubiera destrozado, él que tenía tanto miedo de perderme. Nunca hablamos sobre el tema. Nunca pude explicarle.  Y nunca me sentí tan desamparada como cuando se fue, y tal vez también por eso nunca sentí hasta ese momento tanta necesidad de saber sobre mis orígenes. Y aún así, le sigo pidiendo permiso...

viernes, 8 de junio de 2012

Madre, ¿hay una sola?

Hace un par de días leí en el blog de Madre de Marte una entrada sobre el punto de vista de las madres biológicas. Se citaba un sitio web y un foro, con opiniones a veces extremas, en las que se llegaba a decir que una familia adoptiva en realidad no es una familia. Y creo que es pertinente plantearse un poco eso de qué es ser madre o padre, qué es ser hijo. ¿Quién es más madre? En mi opinión, si tengo que responder en una línea, diría que para un hijo adoptivo, su madre es un ser que vino repartido en dos personas físicas, pero en su psiquis, están siempre unidas, y una no puede existir sin la otra. Si me dan más de una línea, explico mejor. Y viene a cuento una nota que escribí sobre el día de la madre en Argentina, allá por octubre.

Voilà.

Madre, ¿hay una sola?

Depende de qué entendamos por madre. En general, por madre se entiende una mujer que engendra un hijo o hija, l@ lleva nueve meses en su vientre, comparte con él o con ella su sangre, sus genes, su alimento, en total simbiosis hasta el nacimiento, ese momento en que tiene que expulsarl@ de ese limbo para que siga creciendo y desarrollándose como persona independiente. Y ahí empieza ese gran desafío que persigue a una madre toda la vida: amar y educar a esa criatura para que un día se aleje, avanzar hacia una meta que, en el fondo, sabe que le dolerá pero, al igual que el parto físico del comienzo, será un dolor dulce. Y a partir del nacimiento entonces, madre es la que alimenta, cuida, acaricia, abraza, besa rodillas raspadas, hace avioncitos con la papilla o la manzana rallada, inventa cuentos, seca lágrimas, se ríe a carcajadas, pone remiendos en los cuadernos y en las rodillas de los pantalones, pero sobre todo en los moretones del alma, repite hasta el cansancio "lavate los dientes, hacé los deberes, andá a bañarte, te vas a la cama ya" y muchas, muchas veces "no, no, no, no, no". Madre es la que te da el empujoncito cuando flaqueás, la que te exige cuando sabe que podés más, la que te reta cuando ve que no te hacés respetar, que te rodeás de gente que no te respeta, cuando desperdiciás tu talento. Madre es la que te "hace gamba", la que te hace compañía mientras estudiás para un final, la que te pone un café al lado, en silencio, la que te alienta a que te presentes a la entrevista, la que viene a darte una mano y te limpia el departamento cuando el trabajo te desborda, la que tiene a tu bebé en brazos cuando ya no das más, la que te entretiene a los chicos para que puedas salir, la que te escucha, la que está...siempre...

La inmensa mayoría de la gente tiene la dicha de encontrar todo eso en una misma persona. Y por eso, dice sin temor a equivocarse que madre hay una sola. Otros tenemos otra experiencia. Algunos tenemos más de una madre. También somos dichosos, porque tuvimos y tenemos todo eso, sólo que no en una misma persona física. Yo, por ejemplo, tuve (y quizás todavía tengo) dos. De la primera, sé poco y nada. Sé que no me buscó, que de algún modo llegué a su vida en un momento inoportuno. Pero aún así, siguió adelante con el embarazo. Me llevó en su vientre, compartió conmigo genes, sangre, alimento, estados de ánimo, quién sabe cuántas cosas más. Llegado el momento, me dio a luz, me dejó en buenas manos, y se fue para siempre. Quizás nunca sabré por qué.  Quizás nunca vuelva a verla. Quizás nunca sepa siquiera su nombre. Quizás nunca llegue a decirle que no le guardo rencor y que me gustaría que me contara su historia y ese punto en que su historia se cruzó con la mía. Dios dirá.

Apenas dos días después de nacida, un 16 de octubre, como hoy, llegó a mi vida mi segunda madre, mi mamá, mi vieja, ella, la única e incomparable. Le dijeron que yo sólo pesaba 2, 2 kilos, que era muy frágil, que el menor resfrío podía ser fatal. Le preguntaron que si se animaba a ser mi mamá. Y la muy inconsciente dijo que sí, medio distraída como estaba acomodándome la mamadera y poniéndome la ropa que me había elegido. Así fue como me llevó de mi Bahía Blanca natal hasta el pueblo que sería mi pueblo natal por adopción, o algo así, y durante un mes no se apartó de mí ni dejó que nadie más se acercara, así de exagerada, como siempre. Y después, hizo todo eso que una madre hace y más. Vinieron la manzana rallada y los cuentos del carnero Pedro y la ovejita Mariana; las conversaciones con personajes imaginarios; horas y horas de hamacas y toboganes y subibajas; y medialunas de chocolate y alfajores de maicena y arroz con leche y flan casero; y hombro donde llorar y falda donde sentarme; y la leche siempre lista a la vuelta de la escuela, y el oído atento. Su presencia, siempre. En las buenas, en las regulares y, sobre todo, en las malas. Y el tejido y la charla mientras yo estudiaba (hay veces que pienso que ese entrenamiento de hacer los deberes en la cocina charlando con ella me preparó para mi profesión de intérprete, por aquello de saber hablar y escuchar y pensar al mismo tiempo...). Y sus misiones a Buenos Aires cuando la precisaba. Y ese saber estar ahí siempre sin invadirme. Y su alegría, su sentido del humor, la capacidad para rearmarse y reinventarse. Y el cariño multiplicado hacia sus nietos, mis retoños. Y ese empujarme siempre para que llegue a donde yo quisiera, porque vaya persiguiendo el sueño hasta donde me llevara, aunque ese lugar quedara lejos, muy lejos de casa.

Y hoy que estoy tan lejos físicamente, veo más claro. Y veo que sí, que madre hay una sola, aunque venga repartida en más de una persona.

Vaya entonces mi saludo atrasado por el día de la madre a todas las madres, y más especialmente a las que lo son por adopción, como la mía.