Datos personales


Te estoy buscando. A vos, mi madre biológica.
 
Me diste a luz el 14 de octubre de 1969 en el entonces Sanatorio Central de Bahía Blanca, o en una clínica de dos pediatras o en el Hospital Penna de Bahía Blanca, a las 2 de la madrugada. Me entregaste por intermedio de NEF-Niños en familia (tal vez hablaste con Marta Bermudez, la que era Directora de NEF, y quizás pasaste en su casa el último tramo de tu embarazo). Te busco para conocer tu historia y la mía, para escucharte, para entenderte, para verte una vez más, para saber si tengo hermanos. Animate. Escribime a bahiaoctubre69@yahoo.com. Te espero.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El vacío

Si hay un hilo conductor que une a los hijos adoptivos con los padres biológicos que dan a sus hijos en adopción, y quizás también con los padres adoptivos, es la presencia del vacío. Un vacío constante, tangible, que se agranda o se achica según el momento de la vida, pero nunca desaparece del todo. Un vacío con el que convivimos mejor o peor según las circunstancias. Hoy va un poema que escribí hace como 5 años. No sé por qué de repente me acordé de él. Creo que no tengo mejor manera de describir el vacío. Acá va. Me salió en inglés y no me voy a poner a traducirlo pero bueno, el que pueda y quiera leerlo, que lo lea.


You in me

You in me,
my first doll broke, and she was empty inside,
don’t cry, you said, hollow dolls don’t bleed, you will be fine,
but through the crack in her knee, I could see you,
empty of me.
I emptied you, you emptied me,
and there I stand,
all dressed up in alien skin,
with no boundaries to hold
the unbearable softness all around,
and you, sharp, in me, and gone.
I locked my doll in a basket, released her in the sea
I ran, I ran, I ran
to a hiding place to hurt and bleed
and there it was
the soft relief, that red fine thread,
not hollow after all,
just flesh and blood.

You in me,
the promise kept,
the rings intact,
your arm on mine,
I turn around, and there you are,
still panting on my shoulder,
your smile, your eyes,
still there as I blink,
(you are real, after all)
that’s you, in me,
that’s me, wide open,
all dressed up in alien skin,
for the ritual to begin,
but as your lips toy with my thigh, I close my eyes and see:
this is as close as I will get
to you, in me,
before you fill in all my cracks,
before you fill in all my gaps,
no opening left for the light to get in,
no air to breathe,
so solid the void, you can’t get through.
And there I stand,
all dressed up in alien skin,
open for you, who won’t come in.




You in me,
your tiny feet, eager to run,
wade my sea, and the tide brings back
the basket where my doll still lays,
her broken knee, her empty leg,
my blood, my flesh, that’s you in me,
I show you the way out, I lead you by the hand,
watch your step, it’s slippery outside
that’s you, slipping out,
that’s me, letting go,
and yet,
you in me, you, in me.

You in me,
no use for words now, face to face,
just you, just me, just flux and fire,
and out you slip, you who won’t leave,
yet out you go, you too,
and that’s as close as I could get.
That’s you slipping out,
that’s me letting go,
waving through the window,
overdressed, with an oversize smile I never meant to wear.
Another snowflake melted on my doorstep.
Yet another closing door,
and there you are,
gone.

But you in me, you, you in me,
my empty core,
my alien skin,
my hollow me,
                        you never leave,
in you I trust
to hold me.

lunes, 29 de octubre de 2012

Otro cumpleaños y algunas novedades

Hola, qué abandonados los tengo...

Acabo de cumplir 43 años, y lo mismo de siempre. No quiero ser reiterativa.

Tengo algunos datos más para aportar a la búsqueda:

* Mi queridísima amiga Brenda acaba de estar en Bahía Blanca y fue personalmente a sacar fotos a las dos posibles direcciones de donde nací, Moreno al 100 y al 300, respectivamente, donde antes funcionaba el Sanatorio Central y ahora hay geriátricos (los dos lugares coinciden, por es es difícil saber cuál puede ser). Pongo las fotos acá por si alguien reconoce estos lugares. Parecen no haber cambiado mucho de como pueden haber sido hace 43 años.

*La señora en cuya casa de Yrigoyen 112 puede haberse alojado mi madre biológica antes de dar a luz (la foto de la casa viene pronto) no está muerta. Tiene Alzheimer, con lo cual, es inviable tratar de hablar con ella, pero sigue viva, según le confirmó hace poco su hijo adoptivo a una amiga en común. No entiendo por qué la otra asistente social me dijo que había muerto. ¿Mentir no era pecado? Curiosa, a veces, la moral católica. Al mismo tiempo, esta misma persona está en un retiro espiritual en Serbia, en un lugar en el que se aparece a veces, dicen, la Virgen ´María, y prometió rezar por mí. En fin... Da lo mismo. No, no da lo mismo, agrega una mancha más al tigre, pero el tigre tiene que seguir caminando y no tiene tiempo para detenerse en minucias. El tigre tiene, sin embargo, derecho a una rabieta. El tigre necesita tener fe, contra viento y marea, aun cuando le hayan mentido, aun cuando sus documentos sean falsos. El tigre no puede darse el lujo de perder la fe.Ya está. A otra cosa.

* Mi amiga Brenda comenta mi historia a gente de Bahía Blanca, que recuerda que frente al Sanatorio Central había una casa "donde nacían bebés", a cargo de dos pediatras, y que en el lugar en que funcionaba el Sanatorio hubo en un tiempo una clínica psiquiátrica. Entonces, ya las posibilidades del lugar de mi nacimiento serían:

- en el Sanatorio Central
- en un psiquiátrico
- en una casa de partos privada a cargo de dos pediatras

*Por las dudas, repito el nombre de la partera que firma mi partida de nacimiento:

 Aurelia Diez de Baldi.

Si saben algo, aporten su granito de arena. Gracias.




martes, 19 de junio de 2012

Todos los papás son adoptivos

Ayer fue el día del padre y por supuesto me pasé el día recordando al mío, que ya no está. Hace tres años que no está pero sigo pensando en él todos los días. Y más pasa el tiempo, más me vuelven los recuerdos más risueños. La primera imagen que me viene a la mente de él siempre es su risa y sus brazos abiertos de par en par para abrazarme. Me acuerdo de pequeños momentos, imágenes: los dos haciendo los deberes en el balcón los sábados a la mañana; él durmiendo la siesta en la playa hecho una milanesa de arena; él enseñándome a nadar y haciendo trampa: "vení hasta donde estoy yo", y el muy tramposo daba pasitos hacia atrás para hacerme nadar un metro más para llegar a la meta, que se alejaba; yo, sentada en sus rodillas, aprendiendo a leer con las letras de molde del diario que él iba señalando con el dedo; los dos bailando un tango a la noche cuando él volvía de trabajar; los dos, adultos, sentados junto al horno de barro del campo, riéndonos, y en mis brazos, mi bebé, muy chiquito todavía...

Alguien me preguntó una vez por qué yo quería buscar a mi madre biológica y de mi padre biológico no me interesaba averiguar nada. Yo esbocé la respuesta más lógica y concreta, y también la más superficial: si ni siquiera sé quién es mi madre, cómo voy a poder buscar a mi padre... Primero tengo que encontrarla a ella, y ella me dirá... Pero escarbando un poco más, creo que la razón es que, en realidad, todos los papás son adoptivos. Es decir que, aunque sean los padres biológicos de su bebé, los hombres necesitan adoptar a la criatura que será su hijo o hija. Porque, aunque venga de su cuerpo y de su sangre, la concepción de esa criatura está tan lejana del momento del encuentro, que ese hombre que se transforma en padre tiene que hacer suya a esa criatura sólo después de que ya ha salido del cuerpo de su madre. Y en ese sentido, no es muy distinto de lo que le pasa a un padre no biológico. Por eso digo que todos los papás son adoptivos, porque tienen que adoptar como propia a esa criatura que sale de otro cuerpo, y a la vez su futuro hijo o hija tiene que hacer suyo a ese ser del que quizás reconozca la voz, pero no mucho más: su olor es nuevo, y nuevo es el compás del latido de su corazón cuando la/lo abraza sobre su pecho. Nuestro padre es siempre otro ser, que está allá afuera; a nuestra madre, al nacer, ni siquiera podemos distinguirla de nosotros mismos, pues sentimos que ella y nosotros somos uno, que somos parte de ella y ella, parte de nosotros. De ahí, para mí, la diferencia. Madre, queda dicho, hay una sola, pero repartida en dos personas físicas; padre, hay uno solo, el que adoptamos. Puede que me equivoque, pero no me imagino sintiendo nada por mi padre biológico; en cambio, por mi madre, sí, porque ella y yo fuimos una sola alguna vez, porque compartimos el alimento y la sangre, y el oxígeno, y yo respondía a la cadencia de sus movimientos, a sus estados de ánimo, a su voz, a su olor, al sosiego del compás de sus latidos. Y de pronto...el frío, el silencio, la quietud de una cuna con olor a hospital...un corte, drástico y definitivo. Y otra madre, otro olor, otros brazos, otros latidos, otra voz, otro calor. Y tuvimos que hacerla nuestra cuando todavía creíamos que nuestra primera madre y nosotros éramos una misma persona, una persona que de golpe se había partido en dos. No debe de haber sido fácil. Debe de haber sido profundamente desconcertante. En cambio, nuestro padre era otro más que estaba ahí afuera. No sé, es una teoría que se me ocurrió por tratar de pensar en una respuesta un poco más profunda a la pregunta.

Yo no pude empezar la búsqueda sino hasta después de que murió mi padre, porque sé que lo hubiera destrozado, él que tenía tanto miedo de perderme. Nunca hablamos sobre el tema. Nunca pude explicarle.  Y nunca me sentí tan desamparada como cuando se fue, y tal vez también por eso nunca sentí hasta ese momento tanta necesidad de saber sobre mis orígenes. Y aún así, le sigo pidiendo permiso...

viernes, 8 de junio de 2012

Madre, ¿hay una sola?

Hace un par de días leí en el blog de Madre de Marte una entrada sobre el punto de vista de las madres biológicas. Se citaba un sitio web y un foro, con opiniones a veces extremas, en las que se llegaba a decir que una familia adoptiva en realidad no es una familia. Y creo que es pertinente plantearse un poco eso de qué es ser madre o padre, qué es ser hijo. ¿Quién es más madre? En mi opinión, si tengo que responder en una línea, diría que para un hijo adoptivo, su madre es un ser que vino repartido en dos personas físicas, pero en su psiquis, están siempre unidas, y una no puede existir sin la otra. Si me dan más de una línea, explico mejor. Y viene a cuento una nota que escribí sobre el día de la madre en Argentina, allá por octubre.

Voilà.

Madre, ¿hay una sola?

Depende de qué entendamos por madre. En general, por madre se entiende una mujer que engendra un hijo o hija, l@ lleva nueve meses en su vientre, comparte con él o con ella su sangre, sus genes, su alimento, en total simbiosis hasta el nacimiento, ese momento en que tiene que expulsarl@ de ese limbo para que siga creciendo y desarrollándose como persona independiente. Y ahí empieza ese gran desafío que persigue a una madre toda la vida: amar y educar a esa criatura para que un día se aleje, avanzar hacia una meta que, en el fondo, sabe que le dolerá pero, al igual que el parto físico del comienzo, será un dolor dulce. Y a partir del nacimiento entonces, madre es la que alimenta, cuida, acaricia, abraza, besa rodillas raspadas, hace avioncitos con la papilla o la manzana rallada, inventa cuentos, seca lágrimas, se ríe a carcajadas, pone remiendos en los cuadernos y en las rodillas de los pantalones, pero sobre todo en los moretones del alma, repite hasta el cansancio "lavate los dientes, hacé los deberes, andá a bañarte, te vas a la cama ya" y muchas, muchas veces "no, no, no, no, no". Madre es la que te da el empujoncito cuando flaqueás, la que te exige cuando sabe que podés más, la que te reta cuando ve que no te hacés respetar, que te rodeás de gente que no te respeta, cuando desperdiciás tu talento. Madre es la que te "hace gamba", la que te hace compañía mientras estudiás para un final, la que te pone un café al lado, en silencio, la que te alienta a que te presentes a la entrevista, la que viene a darte una mano y te limpia el departamento cuando el trabajo te desborda, la que tiene a tu bebé en brazos cuando ya no das más, la que te entretiene a los chicos para que puedas salir, la que te escucha, la que está...siempre...

La inmensa mayoría de la gente tiene la dicha de encontrar todo eso en una misma persona. Y por eso, dice sin temor a equivocarse que madre hay una sola. Otros tenemos otra experiencia. Algunos tenemos más de una madre. También somos dichosos, porque tuvimos y tenemos todo eso, sólo que no en una misma persona física. Yo, por ejemplo, tuve (y quizás todavía tengo) dos. De la primera, sé poco y nada. Sé que no me buscó, que de algún modo llegué a su vida en un momento inoportuno. Pero aún así, siguió adelante con el embarazo. Me llevó en su vientre, compartió conmigo genes, sangre, alimento, estados de ánimo, quién sabe cuántas cosas más. Llegado el momento, me dio a luz, me dejó en buenas manos, y se fue para siempre. Quizás nunca sabré por qué.  Quizás nunca vuelva a verla. Quizás nunca sepa siquiera su nombre. Quizás nunca llegue a decirle que no le guardo rencor y que me gustaría que me contara su historia y ese punto en que su historia se cruzó con la mía. Dios dirá.

Apenas dos días después de nacida, un 16 de octubre, como hoy, llegó a mi vida mi segunda madre, mi mamá, mi vieja, ella, la única e incomparable. Le dijeron que yo sólo pesaba 2, 2 kilos, que era muy frágil, que el menor resfrío podía ser fatal. Le preguntaron que si se animaba a ser mi mamá. Y la muy inconsciente dijo que sí, medio distraída como estaba acomodándome la mamadera y poniéndome la ropa que me había elegido. Así fue como me llevó de mi Bahía Blanca natal hasta el pueblo que sería mi pueblo natal por adopción, o algo así, y durante un mes no se apartó de mí ni dejó que nadie más se acercara, así de exagerada, como siempre. Y después, hizo todo eso que una madre hace y más. Vinieron la manzana rallada y los cuentos del carnero Pedro y la ovejita Mariana; las conversaciones con personajes imaginarios; horas y horas de hamacas y toboganes y subibajas; y medialunas de chocolate y alfajores de maicena y arroz con leche y flan casero; y hombro donde llorar y falda donde sentarme; y la leche siempre lista a la vuelta de la escuela, y el oído atento. Su presencia, siempre. En las buenas, en las regulares y, sobre todo, en las malas. Y el tejido y la charla mientras yo estudiaba (hay veces que pienso que ese entrenamiento de hacer los deberes en la cocina charlando con ella me preparó para mi profesión de intérprete, por aquello de saber hablar y escuchar y pensar al mismo tiempo...). Y sus misiones a Buenos Aires cuando la precisaba. Y ese saber estar ahí siempre sin invadirme. Y su alegría, su sentido del humor, la capacidad para rearmarse y reinventarse. Y el cariño multiplicado hacia sus nietos, mis retoños. Y ese empujarme siempre para que llegue a donde yo quisiera, porque vaya persiguiendo el sueño hasta donde me llevara, aunque ese lugar quedara lejos, muy lejos de casa.

Y hoy que estoy tan lejos físicamente, veo más claro. Y veo que sí, que madre hay una sola, aunque venga repartida en más de una persona.

Vaya entonces mi saludo atrasado por el día de la madre a todas las madres, y más especialmente a las que lo son por adopción, como la mía.

martes, 17 de abril de 2012

Obstinación y miedo

Escribo tan poco por acá y, encima, con palabras prestadas. Pero hoy estaba releyendo el poema de Vinicious de Moraes "O Haver", y esta estrofa se me quedó adentro y ya no pude separarme de ella:

"Resta essa obstinação em não fugir do labirinto
Na busca desesperada de alguma porta quem sabe inexistente
E essa coragem indizível diante do Grande Medo
E ao mesmo tempo esse terrível medo de renascer dentro da treva."


Una traducción aproximada sería:

"Queda esa obstinación en no huir del laberinto
en la búsqueda desesperada de alguna puerta, quién sabe inexistente
y ese coraje indecible frente al Gran Miedo
y al mismo tiempo ese terrible miedo de renacer en la oscuridad."

Mejor no podría reflejar lo que siento -me atrevería a decir, lo que sentimos- al buscar, al dejar de buscar, al volver a buscar, al nunca dejar de buscar...te.

Si tuviera que definir en dos palabras lo que siento, diría eso: obstinación (¿obsesión, a veces?) y miedo. Y desaliento, de a ratos.

Hace rato viene ganando el desaliento. Pero no hay salida de este laberinto. Porque la oscuridad conocida, la ignorancia, que no en vano está etimológicamente emparentada con la añoranza (lean "La ignorancia" de Kundera, vale la pena, aunque no esté directamente relacionada con este tema, hay un capítulo entero sobre la etimología de la palabra que es imperdible), nos acompaña desde siempre, nos acecha a cuentagotas. ¿Entonces, es peor el miedo? El gran miedo a que se confirmen nuestros peores temores. A ser rechazados una vez más. De a ratos. Y de a ratos, lo que gana, lo que de verdad gana es la desidia, el cansancio, esa rebeldía a representar el papel de Sísifo. 

Es todo por hoy. Y no sé hasta cuando.